Alba la guerrera blanca
Mª FELICIDAD LÓPEZ VILA
( fragmento )

Érase que se era, en un lejano lugar,
un pequeño planeta donde habitaba gente de paz. En
el vivía una joven hermosa, hija del rey, educada
con honestidad en el arte de preservar la armonía
del hábitat. Una pacificadora nata, al servicio de
la colectividad.
Ella era Alba, la guerrera blanca...
David escuchaba atento, el comienzo del cuento, que su abuelo le estaba leyendo.
La fiebre del niño, estaba remitiendo, pero el malestar general no lo
dejaba descansar.
Su madre entró en la habitación a traerle la merienda: un vaso
de leche con galletas. Cuando salió de ella su abuelo prosiguió con
el relato.
... De corazón puro y sentimientos sinceros. Admirada por sus amigos y
respetada por sus adversarios. El brillo violeta de su radiante mirada, era comparable
con el de las estrellas, y su cabello dorado con el de los rayos del sol.
La dulzura de su rostro y la frescura de su sonrisa, hacían de ella una
joven muy atractiva.
––La nave está preparada para salir de reconocimiento por
la galaxia––dijo uno de los compañeros de Alba.
Kuasar, el joven apuesto de ojos y pelo negro, se dirigió junto con ella
al interior del vehículo espacial, donde les esperaba el resto de la tripulación.
A.T. un piloto experto con muchas horas de vuelo, introdujo las coordenadas en
el panel, y automáticamente se situaron en el lugar deseado. Todo estaba
en orden, sin ninguna novedad.
El consejo de <<La Unidad Planetaria>>, había acabado finalmente
con los desagradables enfrentamientos originados en un tiempo pasado, donde el
nivel de evolución de los habitantes era más bajo. Aún así consideraban
necesario seguir atentos, vigilando, para que no hubiera nuevos altercados.
Un grupo de jóvenes valientes, entrenados por los Maestros Ancianos, se
encargaban de mantener el orden y la paz.
Entre tanto, ajeno a todo lo que estaba sucediendo a millones de años
luz, Gabriel observaba con un potente telescopio, estrellas cercanas a nuestra
galaxia, fascinado por su brillo y diversidad de formas. De todos modos ni el
más potente de nuestros telescopios, hubiese sido capaz de captar alguna
estrella del planeta de Alba, porque estaba fuera de los límites de nuestro
universo visible.
El vehículo espacial de los pacificadores, seguía recorriendo su
itinerario programado e informando al consejo de unidad central de que todo estaba
en paz.
Los Maestros del consejo eran ancianos sabios: desprovistos totalmente de ego,
carentes de deseos e incapaces de juzgar.
Inundados por el amor, dispuestos siempre a ayudar, al servicio de los demás
sin esperar recompensa alguna.
––Fascinante constelación––dijo Kuasar––.
Observando por un gran monitor el panorama exterior.
Una agrupación de estrellas extremadamente brillantes, formaban la figura
de un caballo alado, montado por un guerrero blanco.
–– ¡Cuidado con esos controles!––exclamó Celeste––.
Observa bien la orbita.
Celeste, era la otra mujer que formaba el equipo. Un poco mayor que Alba, con
mucha experiencia en vuelos de reconocimiento a sus espaldas.
Enamorada perdidamente de A.T., pero poco correspondida por él muchacho
desenfadado, que amaba su trabajo disfrutando enormemente con él.
Y el último elemento de la tripulación era M-3, un androide fabricado
por el mejor ingeniero galáctico, con avanzada tecnología de gran
precisión.
A.T. con una maniobra exhaustiva, realizó la operación de descenso,
en una enorme superficie de color plateado. Una vez bajo, cada uno de ellos se
dirigió a su lugar de descanso.
Y el que también estaba descansando con los ojos cerrados, después
de haber escuchado el primer capitulo del relato, era David, el niño de
diez años que había contraído un resfriado. Después
de darle un beso en la frente, su abuelo lo arropó.
Se despidió de su hija diciéndole que al día siguiente volvería,
para seguir leyendo a David tan interesante relato.
A la mañana siguiente, el abuelo de David se levantó temprano,
y como le prometió a su nieto desayunó con él.
El niño se encontraba un poco mejor del resfriado, aunque el médico
le había aconsejado permanecer algunos días acostado.
Después de desayunar cogió el libro de la mesita de noche, abriéndolo
por la página que había señalado, con un cromo de David
de los guerreros galácticos.
––Ummm, veamos que aventuras les depara el día al equipo sideral:
El placentero descanso nocturno había finalizado. A la hora establecida
los compañeros de Alba, se reunieron en una especie de santuario, a la
espera de información para la siguiente misión.
––Hoy, deberán ustedes revisar, el proyecto artificial de
repoblación vegetal, mineral y animal––dijo el anciano del
santuario––. Cuando terminen dense una vuelta por el planeta tierra,
y pónganme al corriente de las novedades que obtengan, pero bajo ningún
concepto intervengan, en asuntos que no sean exclusivamente de su competencia.
–– ¿Aunque vayan a originar un conflicto bélico?––inquirió A.T.
preocupado––. No podemos hacer algo para evitarlo.
––Saben que no pueden interferir en la ley del libre albedrío
cósmico––repondió el anciano––. Si Dios
les deja actuar con total libertad, ¿quién somos nosotros para
impedirlo?
Con un gesto de dolor, el piloto replicó, sabiendo perfectamente que el
sabio Anciano tenía razón. No se podía cuestionar la conciencia
de cada cual, pues con ella el individuo actuaba según su objetivo.
Después el quinteto galáctico, tecleó las coordenadas para
situarse en un Autentico paraíso vegetal.
Una inmensa cúpula traslúcida, albergaba infinidad de especies
animales, vegetales y minerales poli cromáticas.
Las especies fueron recogidas de diversos lugares por peligro de extinción,
siendo reproducidas genéticamente por un grupo experto en biogenética
estelar.
Los cinco componente siderales, se dirigieron rápidamente al laboratorio
de Biogenética magnética, en busca del profesor encargado de la
misión.
Algunos de los planetas seriamente maltratados por catástrofes naturales,
o por guerras provocadas habían perdido prácticamente en su totalidad
su flora y su fauna,
afortunadamente en aquel reino animal se habían guardado
Dos especimenes de cada lugar para poder en cualquier momento clonarlos, o activar
su reproducción natural para que se volvieran cuanto antes a multiplicar.
La labor de todo el equipo reproductivo, había dado resultados fantásticos.
Múltiples contenedores de plantas y animales, estaban preparados para
ser depositados en los lugares solicitados.
El traslado del penúltimo contenedor sideral, fue depositado a cuatro
años de la tierra, y en pocos minutos terrestres depositaron otro en nuestro
planeta, dándose una vuelta por él como les habían ordenado,
vigilando los lugares deseados desde cerca, interactuando con los átomos
para no ser observados por los terráqueos.
Entre tanto Gabriel, un astrónomo dedicado a la observación de
la galaxia, fijaba toda su atención en la lectura de las estrellas fijas.
El muchacho era un gran admirador de Azophi, uno de los astrónomos más
grandes en la edad media, puesto que Al- Sufi fue el primero en describir el
débil fragmento de luz de lo que se conoce actualmente como la galaxia
de Andrómeda.
El astrónomo árabe también realizó mapas estelares
y corrigió los trabajos de Ptolomeo. Después escribió una
obra maestra; texto que aún se utiliza para el estudio del movimiento
de las estrellas variables.
El vehículo espacial paso por encima del centro astronómico, situado
a unos ochenta kilómetros de la ciudad más cercana, a novecientos
noventa metros sobre el nivel del mar.
En menos de un abrir y cerrar de ojos, salieron fuera de la vía Láctea.
Al regresar informaron que la misión se había realizado.
Más tarde Alba se acercó hasta el centro educacional donde trabajaba
su madre. Entró sigilosamente en el aula, con la charla empezada, sentándose
en la última fila al lado de la puerta.
La profesión de su madre era la de Educadora.
En la sociedad donde se desenvolvía Alba, el aprendizaje consciente de
uno mismo y la función que desempeñaba dentro del programa evolutivo,
era tan importante como cualquiera de las asignaturas cósmicas.
El Rol de las madres era esencial en la formación de los hijos, en ellas
recaía la responsabilidad de potenciar los estímulos colaboradores,
amables y pacíficos de sus hijos.
El hecho de adquirir ese compromiso compartido con su pareja, no impedía
que a la vez pudieran trabajar e incluso estudiar,
Dejando al niño en centros de aprendizaje, al cargo de educadores.
Tales educadores, iban introduciendo a los chiquillos progresivamente en la colaboración
social, potenciando sus cualidades más aptas en su programa de vida, para
que a una edad temprana les fuera fácil decidir que clase de trabajos
o estudios querían elegir.
El trabajo en el planeta de Alba era más bien una responsabilidad, que
una obligación. Cada individuo era totalmente responsable del beneficio
que aportaba un proyecto colectivo, y debido a que el dinero no se utilizaba
no tenían que preocuparse por acumular nada. El planeta rebosaba de recursos
naturales para proveerlos de todas sus necesidades.
La madre de Alba, estaba dando a unos críos de siete años una charla
sobre Armonía Universal. Pese a su corta edad, su coeficiente intelectual,
estaba preparado para asimilar los conceptos que la educadora les iba exponiendo:
––Según su grado evolutivo, cada individuo gira alrededor
de sí mismo, de un modo muy particular.
Girar alrededor de un Ego fuerte, es una condición problemática,
ya que el circulo cada día se reduce más, corriendo el peligro
de podernos ahogar sin que se nos pueda ayudar––dijo Dharmha, la
madre de Alba––. Cada uno de nosotros somos únicos y totalmente
diferentes, sin embargo cada parte individual encaja perfectamente en la totalidad
Alma Universal.
Cada ser ocupa un lugar en el tiempo y desarrolla un rol diferente dentro de
un ritmo perfecto.
Trabajar en armonía proporciona paz y entendimiento beneficiando enormemente
a nuestros compañeros.
En principio el Ego es una herramienta evolutiva de trabajo, que sirve para alcanzar
una serie de objetivos muy concretos, en el plano material.
Establecer toda nuestra atención sólo en el Ego como lugar de referencia
interna canalizándolo hacia el poder y el control, desgasta gran parte
de nuestra energía.
Sin embargo cuando nuestro objetivo es la evolución del espíritu,
nos deshacemos de esa energía y aprendemos a reconducirla––continuó Dharmha––.
Nuestro cuerpo esta interaccionando continuamente con nuestra mente, y ambos
fusionándose con la energía del cosmos. Una interacción
en armonía, activa la afluencia de la riqueza espiritual, por tanto cuanto
más amor demos más felicidad, bienestar y prosperidad obtendremos.
Quien no da a los demás, se pierde la oportunidad de recibir más.
El universo te devuelve todo lo que le ofreces,
Con creces.
Desde la última fila, Alba prestaba suma atención a sus palabras,
al finalizar la charla se acercó hasta ella para saludarla.
Dharmha era una mujer de una belleza similar a la de su hija.
Una bella dama sencilla, de espíritu libre, llena de magia y misterio.
––Es siempre un placer escucharte, madre––dijo Alba––.
Es asombroso como las palabras fluyen de tu boca sin esfuerzo,
como sintetizas conceptos complejos de un modo tan natural.
Dharmha sonrió con dulzura
––El verdadero mérito lo tienen los Maestros de Luz, trasmitiéndonos
el legado de su sabiduría, ayudándonos y protegiéndonos.
Su presencia de amor nos envuelve, transmutando lo confuso––dijo
ella, con su voz serena.
––Madre, yo sería incapaz de hacer lo que tú haces,
posees un talento especial para enseñar.
––Todo Ser posee un talento especial, para ofrecerlo al servicio
de los demás. Tú posees la virtud de proteger, equilibrar y dar
paz. Cada individuo experimenta >>su designio de vida<< de una forma única.
Repentinamente, un sonido sonoro, salió del aparato que Alba llevaba en
su muñeca derecha. Un objeto similar a un reloj, con varios botones de
colores alineados.
––Tenemos un código rojo, he de presentarme inmediatamente
en la base central––le informó a su madre.
Desde el control central, el responsable de la base, modificaba los parámetros
de observación de un modo rápido, seleccionando las imágenes
deseadas en la pantalla.
Una vez reunido el quinteto sideral empezó a hablar:
––Hemos captado una fuerte expansión de conciencia, en un
laboratorio astronómico. La onda emitida es intensa, tendrán que
investigar que sucede––les informó el caballero de dos metros
de estatura y cabellera blanca––. Por motivos obvios será Alba
la que se introduzca en las instalaciones, su canon de
belleza se adapta perfectamente al planeta.
El color de piel, azulado, de celeste la delataría inmediatamente.
–– ¿Han diseñado algún plan para actuar?––preguntó A.T.
sentado en la plataforma flotante––. O como de costumbre habrá que
improvisar.
El responsable de la misión, abrió una ventana de la pantalla principal
y conectó las barras de información, mostrándoles una imagen
del centro de desarrollo tecnológico.
––Como parte de su tarea en la divulgación científica,
el observatorio astronómico brinda la oportunidad de realizar visitas
guiadas, por personal especializado––informó el altísimo
caballero––. En una de esas visitas, Alba intentará captar
la emanación la banda vibratoria energética.
El muchacho de ojos oscuros que estaba sentado al la derecha de A.T. seguía
atento las indicaciones del caballero de melena larga; la hermosa Celeste clavaba
su viva mirada en el rostro angular del piloto, y M-3 procesaba los múltiples
datos de las barras informativas.
Tras una larga reunión privada, organizando los detalles, el quinteto
estelar salió de la base.
Aquella mañana los cinco tripulantes de la Zenthauro, franquearon el amplio
umbral de despegue directo al planeta tierra.
Dominando íntegramente la materia, la nave se expandió encima del
espacio interatómico del observatorio, de forma instantánea haciéndose
completamente traslucida.
Alba haciéndose pasar por una estudiante, ataviada con ropa informal y
lentillas azules para evitar llamar la atención con su mirada, entró con
el grupo de visitas en el centro astronómico.
Sus compañeros observaban desde dentro de la nave todos sus movimientos.
La joven en el interior del edificio visitó una meritoria recopilación
de instrumentación antigua y la enorme biblioteca.
El guía atentamente relató una breve historia del telescopio para
los estudiantes:
––El telescopio se inventó en holanda, aunque se discute su
inventor verdadero se le atribuye a un fabricante de lentes holandés sobre
el año mil seiscientos ocho.
Galileo, un astrónomo italiano fue quien en el año mil seiscientos
nueve, mostró el primero registrado.
Actualmente el telescopio reflector mayor del mundo es el de Keck, de982 cm.,
incorporando una innovación importante
En su diseño. La superficie del espejo consta de 36 segmentos hexagonales
individuales, y el telescopio espacial Hubble posee la superioridad de estar
por arriba de la atmósfera distorsionante de la tierra.
Al salir de la biblioteca, aprovechando un descuido del guía Alba se separó del
grupo, regresando a las escaleras del segundo piso ingresando en otra instalación
del centro.
––Disculpe señorita, ¿tiene autorización para
estar en este lugar?––le preguntó un joven apuesto, lanzándole
una mirada inquieta.
––Es un lugar con buenas condiciones para una observación
radioastronómica––dijo Alba, como respuesta a su pregunta––.
La medida de vapor de agua precipitable es de seis milímetros, la velocidad
del viento es inferior a 5m/ s. y las precipitaciones de nieve no superan la
semana durante el año.
––El radiotelescopio no está disponible para realizar observaciones,
sin cita previa.
Alba sonrió al Astrónomo y él quedó absolutamente
prendado de la luz de las estrellas que emanaban de sus ojos.
Una mirada que revelaba el poder del discernimiento y la sensatez.
––Lo siento, ya me iba.
––Puede visitar el pabellón de divulgación, le informaran
de todos los horarios––dijo él––. Si quiere la
acompaño.
Ella asintió con la cabeza nuevamente con una sonrisa.
Celeste seguía el recorrido interno de ambos por el lugar, desde la gran
pantalla instalada en el centro del vehículo espacial
–– ¡Celeste, ¿dónde estás enfocando?!––le
recriminó A.T. enfadado, en un momento concreto.
Kuasar y M-3 entretanto, observando el trasero del astrónomo, reían
sin parar.
––Me he descuidado con los controles––dijo tranquilamente–– ¡No
sé en que estaría pensando!
––Pues procura prestar más atención a la misión––le
ordenó el piloto.
–– ¡A sus órdenes!––exclamó ella––.
Enfocando la cara de ambos.
La señorita encargada del pabellón de divulgación e información
científica, se había ausentado unos minutos para ir al lavabo a
retocarse el maquillaje.
Detrás de sus gafas de vista, el astrónomo intentaba ocultar la
atracción que sentía por Alba.
Gabriel era un autentico solitario al que le apasionaba su trabajo, un hombre
paciente y tenaz con sonrisa lunar.
Un joven con caparazón rígido, dispuesto a correr el riesgo de
ablandarlo, para penetrar en la orbita de la guerrera.
El muchacho aprovechó la espera para interrogarla:
–– ¿No parece usted estudiante?
––No lo soy.
––Esta noche habrá lluvia de estrellas. ¿Le gustaría
verlas fuera del contagio luminoso de la gran ciudad, desde un excepcional punto
geodésico?
––Pensaba que la jornada de puertas abiertas, sólo se realizaban
durante la aparición de un cometa––respondió ella.
––Así es, necesitará un pase especial para la observación
nocturna––dijo él, sacándolo del bolsillo delantero
de su camisa.
El cuarteto sideral esperaba que la respuesta de ella fuera afirmativa, el astrónomo
seria un buen contacto para averiguar lo que estaba sucediendo en aquel observatorio.
Ella alargó la mano para cogerlo, después se dio media vuelta dirigiéndose
a la puerta de salida.
–– ¿Cómo te llamas?––gritó él
desde una distancia prudencial.
––Alba––contestó sin girarse, mientras caminaba
erguida por el pasillo.
Al salir del observatorio, la guerrera blanca se metió en la nave Zenthauro
con sumo cuidado, tomando las precauciones previas para no ser descubierta.
Como tenían otros trabajos que realizar en distintas partes del globo
terráqueo, A.T. el piloto introdujo las coordenadas espacio-temporales
pertinentes, y en breves minutos la tripulación vislumbraba el amanecer
de otra ciudad.
De repente se oyeron unos gritos que provenían de la cocina.
––Venid a comer ya, la sopa se enfría––les ordenó Marta,
la mamá de David.
El niño se puso el batín y las zapatillas, saliendo de la habitación
con su abuelo a toda prisa.
Como estaba resfriado y había perdido el apetito, su mamá le hizo
su postre preferido. Tras una breve regañína por no querer comerse
el segundo plato, se tomó dos pedazos de pastel de chocolate.
Pedro, su abuelo, engulló el dulce a toda prisa. Quería regresar
a la habitación cuanto antes para seguir leyendo el cuento, intrigado
por saber lo que iba a suceder en el encuentro nocturno del astrónomo
y la guerrera.
––Es más de media noche, debemos regresar––le
dijo Alba a A.T––.He quedado para ver la llovizna cósmica.
––Hum… ¡Que suerte, tienes una cita romántica
con el terrestre!––suspiró Celeste.
–– ¡Que imaginación tienes!––dijo Alba,
lanzándole una mirada despectiva.
En fracciones de segundo se situaron arriba del observatorio.
Gabriel junto con una compañera estaba en la puerta principal, recogiendo
los permisos acreditados para el personal autorizado.
La ultima en entrar fue Alba, tras su paso, cerraron las puertas y los visitantes
se adentraron en las instalaciones del centro, para disfrutar del evento.
La noche era limpia, sin luna. Junto al astrónomo la joven presenció un
espeso afluente de meteoroides cruzando la cúpula celeste, desapareciendo
fugazmente en décimas de segundo.
Gabriel colocó una cámara de exposición indefinida, apuntando
hacia la constelación donde tenía lugar el radiante, pensando en
captar una imagen maravillosa para regalársela a la chica de las estrellas.
Algunos compañeros calculaban el tiempo de duración de los meteoros,
la longitud de su estela, su brillo y su color.
Otros en vez de anotar, preferían grabar la observación del aguacero
de estrellas.
Después de disfrutar del maravilloso espectáculo los invitados
se prepararon para abandonar el centro.
Celeste tenía la vista fija en un monitor, esperando impaciente lo que
le iba a decir el astrónomo a su amiga en el momento de la despedida.
Había estado observando como él, la miraba todo el rato encandilado.
––Me gustaría volver a verla––susurró con
la voz entrecortada.
––Volverá a verme más veces––dijo con naturalidad.
–– ¿Es usted astrónoma?
––No… no exactamente––respondió Alba––.He
de irme, gracias por la invitación de esta noche.
La guerrera blanca rápidamente se mezcló con la multitud
Para desaparecer cuanto antes y no tener que darle explicaciones.
Esa noche, Gabriel miró el cielo por última vez, para pedirle un
deseo a una estrella fugaz. En ese mismo instante, un fragmento pequeño
de un cometa se consumió en las alturas, entonces supo que su deseo se
cumpliría.
–– ¿Habéis averiguado de donde procedía el sutil
mecanismo que nos ha puesto en alerta?––preguntó Alba, inmediatamente,
acercándose hasta el monitor de Celeste.
––Si––declaró ella––. Casualmente
proviene de la zona donde trabaja <<tu astrónomo>>
–– ¿Mi astrónomo?, querrás decir nuestra misión––repuso
Alba.
––A ese humano le gustas demasiado, ¡ten mucho cuidado!
Alba sonrió con la insinuación pareciéndole totalmente absurda,
en ningún momento de la noche Gabriel le había sugerido nada extraño,
su comportamiento había sido absolutamente profesional, dedicándose
a hablar de cosmología nada más.
M-3 activó un monitor diferente mostrándole a Alba una instalación
del centro de investigación científica, a la que sólo tenían
acceso dos científicos.
El lugar estaba totalmente en calma, no se advertía nada anormal.
––Gabriel ha descubierto datos importantes, de un proyecto de investigación
secreto, que se suspendió hace algún tiempo.
Seguidamente M-3 le enseñó los datos privados del ordenador del
astrónomo, desbloqueando su código secreto de acceso.
––Ummm, ya entiendo… ha averiguado que el cohete que se lanzó con
un satélite meteorológico, no se soltó en la orbita precisamente
para explorar minerales––dijo Alba––. De todos modos
no creo que debamos preocuparnos. Según los antecedentes del lugar sideral
y las imágenes captadas, los científicos negarían la veracidad
de la información, dirían que es absolutamente imposible dada la
temperatura del planeta y el tipo de atmósfera.
––El consejo no piensa lo mismo, quieren que te hagas amiga de él––replicó A.T.
Celeste miró a su compañera con una sonrisa amplia y una mirada
perversa.
––
Celeste, ¿se te ocurre algún plan de acercamiento?––inquirió Alba,
con seriedad.
––
En los próximos días haremos un seguimiento completo de sus movimientos,
para que casualmente te tropieces con él.
Ella asintió con la cabeza dándole su conformidad.
En medio de la conversación se oyó un sonido estridente, en el
panel contiguo a la barra magnética de amplificaciones.
Un comando relativamente cercano necesitaba la ayuda urgente de la Zenthauro.
Buscando un punto de conexión interdimensional, se introdujeron por una
puerta energética, de forma rapidísima la nave se desplazó al
encuentro de sus compañeros.
Una semana después, Alba aspiraba una brisa salada y fresca corriendo
a orillas del mar. Al cruzarse con ella Gabriel le ofreció una sonrisa
preciosa, exhibiendo sus hoyuelos.
Ella le devolvió un esbozo de media sonrisa, pareciendo indecisa, reacción
que no le costó ningún tipo de esfuerzo, ya que no estaba acostumbrada
a ese tipo de galanteos.
Mientras se daban la espalda y corrían en dirección contraria él
dejó vagar sus pensamientos, cuando se encontraba a pocos metros de ella,
decidió dar media vuelta e ir a alcanzarla.
Los rayos oblicuos del sol potenciaban el color dorado de su cabello largo, ondulando
al viento.
Al llegar a su altura, aminoró la marcha con el propósito de que
su respiración se calmara, el corazón le latía de excitación.
–– ¿Le apetecería desayunar conmigo?––le
dijo Gabriel, en voz baja.
Ella movió afirmativamente la cabeza y sin decir una sola palabra continuó la
marcha.
Al llegar, el astrónomo le cedió el paso para que se sentara a
recuperar el aliento.
Ocuparon una mesa para dos cubierta con un tapete de nylon, en la terraza que
tenía las vistas al mar, oyendo el golpear de las olas.
––Tomaremos el desayuno especial marinero––le dijo Gabriel
al camarero.
––De acuerdo, señor––contestó antes de
retirarse.
Cada vez que la miraba a los ojos Gabriel sentía el viento repleto de
electricidad, teniendo que contener sus impulsos primitivos.
Ella por el contrario, sopesaba mentalmente los pros y los contras de la misión.
–– ¿Acostumbra a hacer deporte por esta zona?
––Si––contestó Alba, retirando de su rostro su
melena, dejándola caer hasta la cintura.
–– ¿Vive cerca de aquí?
––Hummm… psss… Si, digamos que en estos momentos vivo
cerca de aquí.
La respuesta lo dejó algo confuso e insistió en preguntar
––Está en esta ciudad, de paso, por motivos de trabajo.
–– ¡Exactamente!
–– ¿Cuanto tiempo se va a quedar?––quiso Gabriel
averiguar.
––El suficiente.
Nuevamente la contestación lo dejó desconcertado pero no quiso
insistir en preguntar más, por temor a parecer insolente.
Poco después el camarero trajo el desayuno. Alba hizo un gesto raro al
probar una bebida cítrica de sabor ácido, costándole ingerirla,
sin embargo, le encantó el aroma a pan recién hecho.
Durante todo el tiempo que duró el desayuno permanecieron en silencio,
cruzando alguna que otra mirada, una vez fuera del restaurante Gabriel no quiso
perder la oportunidad de volverla a invitar.
–– ¿Le- le-gu- gustaría ir al cine esta noche?––le
preguntó tartamudeando––. Veríamos una película
de género histórico.
–– ¿De que trata el argumento?
Él se dispuso inmediatamente a contarle la sinopsis del mismo:
––Cesar se ve forzado a ir Egipto para impedir la guerra provocada
por la falta de entendimiento entre una joven y su hermano, ambos monarcas del
impero, quedando embelesado por el talento y la hermosura de esa mujer…
Una mujer que tiene unos impresionantes ojos azul-violáceo como los suyos––dijo él
mirándola fijamente.
Ella inclinó los parpados tímidamente ante el cumplido.
–– ¿Qué pensaría de una mujer que tuviera los
ojos de color <<lila intenso>>?––inquirió bromeando.
––
¡Pensaría que es extraterrestre!––exclamó riendo.
––
¿Cree usted que <<son>> los únicos habitantes del amplio
universo?
Celeste que a través del monitor no se perdía detalle de la conversación,
advirtió telepáticamente a Alba el error cometido en la utilización
del tiempo verbal.
Afortunadamente el astrónomo estaba mirándola, tan embobado, que
ni se percató de lo que había pasado.
––Creo que el creador ha debido crear otros planetas donde la gente
no se mate, no robe, no pase hambre ni padezca enfermedades irreversibles.
––Yo pienso lo mismo que usted––dijo Alba, mostrándole
por primera vez su sonrisa sincera.
Antes de despedirse pasearon un poco por la playa, mientras ellos charlaban M-3
aprovechó el tiempo, buscando la ubicación exacta donde ambos por
la noche iban a encontrarse.
Minutos más tarde de la hora acordada, Alba apareció corriendo
en la entrada. Llevaba puesto un suéter de algodón blanco, pantalones
vaqueros anchos y zapatos cómodos sin tacón.
–– ¡Pensaba que no vendría!––dijo el astrónomo
al verla, entrando rápidamente en la sala.
Se acomodaron por la zona del medio, donde la visión de la pantalla era
buena; después de treinta segundos las luces se apagaron y comenzó la
película.
Al igual que ellos el cuarteto estelar en su propia pantalla del vehículo
espacial, observaba atento el desarrollo de los acontecimientos, que la película
del género histórico les estaba ofreciendo.
Durante los doscientos minutos que estuvieron sentados, apenas cruzaron algunas
palabras.
Al finalizar, esperaron pacientes, la cola enorme para poder salir.
–– ¿Le apetece tomar una copa?––le dijo Gabriel
en la calle.
Ella inspiró profundo como si le costara trabajo contestarle afirmativamente,
y sin demasiado entusiasmo aceptó la invitación.
A velocidad lenta, el lujoso vehículo del astrónomo
bajó por la avenida contigua a la sala de proyección
cinéfila.
Gabriel puso un disco compacto de melodías lentas,
para que envolviera el momento con una oleada de romanticismo.
Tras apearse del coche, entraron en una sala de baile bastante
concurrida.
Gabriel observaba como los ojos de Alba miraban de un lado
a otro mientras le hablaba, sin prestar la menor atención
a sus palabras. Cambió varias veces de tema de conversación
para intentar captar su curiosidad, sin conseguirlo.
–– ¿Se esta aburriendo conmigo?––le preguntó entristecido.
–– ¿Por qué piensa eso?–– replicó sorprendida.
–– Por su entrecejo arrugado.
–– ¡Hábleme de su trabajo!––le pidió,
sin poderse contener durante más tiempo––. Queriéndole
sonsacar cuanto antes la información que sus compañeros deseaban
averiguar.
–– ¿Quiere que hablemos de trabajo?––inquirió extrañado.
Ella asintió varias veces con la cabeza.
Tras un largo monólogo cosmológico acerca del estudio de las
galaxias, nebulosas y agujeros negros, Alba no pudo averiguar nada de los datos
del proyecto, aunque era lógico que en la primera cita no le desvelara
ninguno de sus secretos.
Como ninguna cosa que le contaba era nueva para ella, la guerrera terminó por
prestar más atención al rostro de Gabriel que a sus comentarios.
No había tenido ocasión, hasta ese momento, de mirarlo tan cerca
y entonces se dio cuenta de lo guapo que era.
–– ¡Pero basta de hablar de mi!––exclamó él
cuando ya no sabía que decir––. Todavía no sé,
exactamente, a que se dedica usted.
––Mi trabajo es averiguar si hay vida en otros planetas del sistema
solar.
Trato de saber si hay tres planetas más que pertenecen a nuestro sistema.
Entre ellos se produjo una inesperada pausa.
Él se sentó en su sillón algo más erguido, boquiabierto,
abriendo los ojos de par en par, mirándola con gran curiosidad.
Los que también se quedaron boquiabiertos con la respuesta tan directa
de Alba fueron sus propios compañeros.
––
¿TRES?––dijo llevándose las manos a la cabeza.
Ella sonrió afirmándolo con un movimiento vertical de cabeza.
––
Pensé que la tesis del proyecto hablaba de un solo planeta––declaró finalmente,
descubriéndose.
––
¿Tiene usted los buscados archivos prohibidos?
––
No, no los tengo… fueron destruidos. Todo el proyecto se redujo a una
hipótesis errónea.
Alba vio en la capa astral de Gabriel como le estaba mintiendo, también
captó como en un pequeño intervalo de tiempo quiso decirle la
verdad y compartir con ella su secreto.
Ese pensamiento y otros sentimientos de Gabriel, invadieron el éter
a gran velocidad, penetrando en las fontanelas de la bóveda craneana
de A.T. que tenía su glándula pineal excesivamente receptiva.
–– ¿Para quién trabaja?––le preguntó Gabriel,
después de beberse de un solo trago el güisqui que le quedaba en
el vaso.
––Siento no poder decírselo por el momento––respondió Alba.
––M-3, saca inmediatamente a Alba de ahí––ordenó el
piloto, repentinamente––. Están espiando a Gabriel, no quiero
que la vean con él o intentaran seguirla a ella también.
El androide que podía adoptar la forma física que deseara, se
trasformó raudamente en un joven adolescente de parecido corpóreo
al de la pacificadora: rubio con ojos azules.
Se teletrasportó hasta el lavabo de caballeros. Tras cruzar la pista
de baile buscó la mesa donde Alba estaba sentada.
–– ¡Que coincidencia encontrarnos aquí!––dijo
M-3 en su aparición inesperada.
Alba mirándolo con simpatía trató de contener la risa.
El androide estaba muy apuesto enfundado en un pantalón de cuero negro,
con el pelo engominado y un piercing en la nariz.
Alba miró a su alrededor por si la noche le deparaba nuevas sorpresas.
––Has de llevarme a casa, hermanita––declaró guiñándole
el ojo, con tono de voz de embriagado.
––Gabriel, será mejor que me vaya, mi hermano no está en
disposición de conducir––dijo ella, cogiendo de la mano de
M-3 unas llaves de coche ficticias.
–– ¿Cuándo volveré a verla?
––No lo sé, ya le buscaré––respondió antes
de partir.
Una nebulosa oscura dispersó los pensamientos de Gabriel, cuando la
estrella de Alba se perdió en la distancia, en algún lugar de
la galaxia.
A los pocos minutos el astrónomo aburrido partió hacia su hogar,
con la incertidumbre de no saber si volvería a ver a la mujer enigmática
de mirada estelar.
Al llegar a su apartamento vio la puerta entreabierta, respiró agitadamente,
introduciéndose en el interior sigilosamente.
Quedó horrorizado al ver el desorden que los ladrones habían
originado, aunque lo que estaban buscando no se hallaba en el interior de la
casa.
Tras revisar sus pertenencias y ver que no faltaba nada, el astrónomo
trató de mantener la calma, aunque en toda la noche no pudo prácticamente
dormir.
Continuará…
NÚM. SOLICITUD REGISTRO PROPIEDAD INTELECTUAL: V- 527- 04
Mª FELICIDAD LÓPEZ VILA
(Autora de la novela “TROPECÉ CON UN ÁNGEL”)
Web: http://felicidadlopezvila.iespana.es/
Correo electrónico: felicidadlopezvila@gmail.com