El inicio de la escolarización marca un camino
fundamental en la vida del niño, de su familia
y de la sociedad en general. Los cuentos son un puente
que facilitan este ingreso al mundo de la educación
formal.
El
ingreso a primer grado marca un momento de gran
trascendencia tanto
para el niño como para los padres que acompañan
este proceso. Para muchos niños ello marca
el ingreso a la escolaridad formal y el primer
contacto del niño con una institución
fuera de la familia. Para quienes ya tuvieron la
experiencia del jardín de infantes también
marca un cambio importante, ya que se suele asignar
a este nivel ciertas particularidades como la de
estimular a los niños para que estén
bien preparados, tanto en lo que refiere a lo intelectual
(contenidos específicos en comunicación,
matemática, etc.) como en lo referente a
lo social y afectivo.
Los docentes se encuentran cada año ante un nuevo desafío, recibiendo
un grupo diferente con características particulares. Entonces se preguntan: ¿cómo
será este grupo?, ¿todos estarán preparados para aprender?, ¿cómo
será el grupo de padres?, ¿qué ansiedades y miedos traerán
los padres y los niños? ¿Podré enseñarle jugando?...
Permanecer en espacios desconocidos y por tanto no seguros, implica para el niño,
reconocer nuevos criterios de adaptación:
Conocer a otros adultos y a otros iguales.
Frente a estos factores, los niños durante los dos o tres primeros meses
del año escolar, viven el trauma de la adaptación al nuevo sistema
En este tiempo aún prefieren jugar, saltar, correr, rodar por el piso,
ir constantemente al baño, llorar y que les lean un cuento .Prevalece
en ellos el esquema actitudinal propio del preescolar. La complicación
viene, precisamente, en que el docente primero debe controlar el efecto que provocan
estas emociones desbordadas, para después avanzar en la enseñanza
de contenidos, conocimientos y experiencias nuevas, vinculadas siempre a sus
previas experiencias (aprendizaje significativo).
El docente tendrá como desafío, planificar actividades lúdicas
dirigidas y asociadas a los contenidos programáticos exigidos. El juego
permite establecer formas de aprendizaje y de desarrollo no sólo de conocimientos
sino también de profundizar en el aprendizaje social, cognitivo y experiencial.
La lectura de cuentos, posibilitará la construcción de un pensamiento
imaginativo, que se verá luego reflejado en el modo de operar cognitivamente
que tendrán cada niño. Las historias que se elijan y cuenten, deben
aportar elementos constructivos a la personalidad del niño .Deben enseñarles
a resolver sus problemas para crear una sensación de autoestima segura,
que los libere de toda ansiedad, además de brindarles oportunidades para
que manifieste su talento. Escuchar y vivenciar historias, ayuda también,
a considerar objetivamente su propia persona y sus problemas, es decir, hacerle
comprender que es miembro de un mundo muy grande que no gira precisamente en
torno a él, de forma que vea los problemas en su verdadera perspectiva
y trabajar así la elaboración del egocentrismo evolutivo, característico
de esta edad.
Lo más importante a la hora de proponer
un cuento a los escolares, radica en tener en cuenta
el interés y deseo de los pequeños.
Cuando se pide a los niños que revelen sus
intereses lúdicos, no solo mencionan las
cosas que les gusta hacer, sino que muchos de ellos,
si les da la oportunidad, declaran también
que les aburren muchas cosas que se supone (desde
el adulto) les interesan. Vale recordar las palabras
de John Dewey (filosofo educacional), cuando expresa:”el
docente plantea: “esto es lo que quiero enseñarle
a un niño… ¿cómo se
lo hago interesante? Es justo al revés el
planteamiento: ¿Qué le interesa al
niño y cómo lo uso yo para enseñarle
lo que necesitará aprender?”
El cuento puede ser utilizado en variadas formas:
fabulas, cuentos para inventar finales (ayuda a
lograr la anticipación, como elemento disparador
de la reversibilidad del pensamiento), historias
de vida, etc.
El espacio y tiempo de la lectura, lejos de representar
una pérdida
de tiempo, posibilita a los niños que inician su escolaridad:
Descubrir el gusto por aprender
Respetar normas, y aceptar las diferencias
Relajarse y disfrutar del relato o bien animarse a producir una historia propia.
La idea queda instaurada entonces: Lograr que los educadores puedan aprender
más sobre el uso de los cuentos en el espacio del aula, y de este modo
además emocionante el aprendizaje de sus alumnos. Porque el aprendizaje
y el entretenimiento ya no deber ser vistos ni abordados, como dos actividades
separadas.
Psp.
Ana María
Salazar
Psicopedagoga y Profesora en psicopedagogía
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