Nubilda
Graciela Pacheco de
Balbastro
Había una vez
una nube. Una nube juguetona. Una nube que se llenaba de
sol. Una
nube que viajaba con el viento.
Un día Nubilda, que así se llamaba, pasó sobre
una casita y vio que Mercedes lloraba.
Como Nubilda era bastante
metereta se hizo finita finita y se deslizó por
la cerradura.
Mercedes, cuando vio la nube parada delante, no lo podía
creer.
_Yo soy Nubilda, ¿por
qué llorás?
_Y . . . porque estoy sola y re-aburrida.
_ ¿No tenés juguetes?
_ Y sí, pero ningún muñeco.
_ ¿Por qué no te hacés uno?
_ Porque no sé, yo soy chiquita.
_ ¡Bah! Chiquita, chiquita ¿sabés mirar no es cierto? Vení conmigo
delante del espejo.
Y diciendo y haciendo,
Nubilda la puso a Mercedes delante del espejo. _ ¿Qué es
esto con pelo?
_¡Ja, Ja! Mi cabeza, se rió la nena.
_Que tiene lindo pelo,
dos ojos grandotes para ver el cielo
y para abrirse en la mañana
cuando el sol ya está,
y cerrarse con sueñito para descansar.
Tu cabeza tiene esa linda boca
que ya sabe cantar.
Y tiene dos orejas, una nariz adelante y ninguna para atrás.
Tienes dos brazos,
cinco dedos en las manos
una pierna en cada lado
y ninguna para atrás
Ja, ja, ¿quién quiere más?
Y mientras decía esto,
Nubilda hizo miguitas del pan. Con una pelotita hizo una
cabeza, con choricitos finos armó el cuerpo, le
puso brazos y piernas. Se estiró y trajo un poquito
de sol, se corrió y juntó algo de viento
y con todo eso terminó el muñeco de pan.
_Mirá Mercedes, tu muñeca
está lista. Tiene algo de sol, de nube y de viento.
Pero serás tú la que puedas hacer las más
hermosas cosas pues tienes ojos para ver,
corazón para querer,
boca para cantar,
brazos para abrazar,
manos para tocar,
piernas para caminar
y cabecita para todo lo demás.
Diciendo esto, Nubilda
se hizo finita finita y se escapó por la chimenea.
En el cielo escribió
- Adióssssss, Mercedessssssssssss!
Y desapareció. Pero Mercedes
desde ese día aprendió a hacer juguetes preciosos.
Y cuando tuvo hermanitos hizo para ellos unos muñecos
tan lindos como jamás nadie vio.